¿Estupidez o Malicia?

Written by on abril 1, 2020

(Por Fernando Mata y Darián Mata)

El principio de Hanlon es un apotegma que dice: No se atribuye a la malicia lo que se explica fácilmente con la estupidez.

Muchos de nosotros hoy respiramos miedo e incertidumbre por la pandemia. Este miedo surge porque vemos a los líderes mundiales de diferentes ámbitos (políticos, científicos, empresariales) tomando decisiones que no solamente difieren de unos a otros, sino que en ciertos momentos se contradicen e incluso dan reversa a decisiones tomadas con anterioridad.

Lo que no sabemos es si algunas decisiones erróneas, que se han tomado a nivel mundial, son por ignorancia, ineptitud, dolo o simplemente siguen el principio de Hanlon. En algunas ocasiones el tonto es más peligroso que el malvado.

El miedo es algo frecuente en nuestras vidas. El ser humano, por su condición, generalmente se siente más seguro si puede controlar una situación. La pandemia del coronavirus no solamente provoca pánico, sino que tiene un efecto tremendo en lo social, lo económico y el desarrollo de comunidades y países.

Más grande que el miedo al coronavirus en sí, es el miedo a la incertidumbre de lo que está sucediendo a nivel mundial. Este miedo a la incertidumbre realmente se comporta como un virus, ya que se contagia fácilmente entre los seres humanos.

I. ¿Por qué provoca miedo la incertidumbre?

El miedo se nutre de la ignorancia, de la procrastinación, de lo desconocido, de la falta de fe, de la sensación de imposibilidad, del pensamiento negativo, de las mentiras, de la manipulación, de la indecisión, de la ineptitud, de la falta de información.

Existe el miedo porque no tenemos idea del alcance de esta pandemia. Desconocemos hasta donde va a afectar nuestras vidas. Sabemos que nuestras vidas ya están cambiando ¿Pero hasta dónde estamos preparados para ese cambio? ¿Seremos capaces de adaptarnos rápidamente?.

II. Duelo emocional. Un proceso necesario para la paz interior

Primero necesitamos reconocer que esta pandemia nos ha generado pérdidas. Estas pérdidas son diferentes en cada persona, por su situación familiar, económica, laboral y social. Hay quien pierde un ser querido, su trabajo, amistades o incluso quienes pierden su nivel de salud.

Vivir el duelo emocional nos genera paz interior ya que permitirá recobrar el equilibrio o el estado anímico que teníamos antes de la pandemia. Este duelo es un proceso necesario que nos preparará para vivir la nueva realidad que se avecina.

El duelo puede incluir muchos síntomas tales como: ira, confusión, negación, culpa, irritabilidad, tristeza, anhelo, alivio, incredulidad, fatiga, dolores de cabeza, náuseas, episodios de llanto, agresión, pérdida de energía, pérdida de interés en actividades agradables, problemas para dormir, entre otros.

La afectación emocional va a depender de la magnitud e importancia que tengan para cada uno de nosotros las pérdidas. Cada uno de nosotros vivirá este duelo de acuerdo a su propio ritmo y circunstancias. La actitud con la que enfrentemos esto es fundamental para poder salir adelante lo más pronto posible.

III. Fases del duelo emocional

a) Fase de Negación: Nos negamos a aceptar que estamos viviendo una pandemia debido al miedo que tenemos. Y la negación nos ayuda a ir aceptando paulatinamente la realidad en vez de recibirla de manera brusca. El impacto emocional para algunas personas puede ser muy fuerte, por lo que se rehúsan a creer lo que está sucediendo y entran en una fase de coma o anestesia emocional con el fin de protegerse. Esta etapa la abandonamos porque hace corto circuito con la cruda realidad.

b) Fase de Enfado y la Ira: nos encolerizamos porque no vemos la manera de detener o revertir la situación de lo que ha causado el coronavirus. Nos ha quitado la libertad, hacemos burla y diseñamos memes que piden reiniciar el año 2020 para volver a empezar de cero, como si eso fuera posible.

El enojo se manifiesta todavía más fuerte cuando no encontramos un culpable al quien se le pueda responsabilizar el 100% de lo que está sucediendo. Es el gobierno, es mi jefe o a veces simplemente la necesidad que tengo de trabajar porque vivo al día. Sin mencionar los incrédulos que no se quedan en casa a pesar de los que sí están tomando medidas preventivas. En esta fase hay una carga emocional muy fuerte, ya que hay un choque entre la vida antes del coronavirus y la incertidumbre de lo que me espera.

c) Fase de Negociación: generalmente tratamos de negociar con Dios, o con fuerzas divinas, para revertir el proceso que causa la pandemia o para que las pérdidas generadas por la misma sean menores. Incluso, negociamos con la fuerza divina para que no nos afecte, a cambio de ser más empáticos y más humanos. Es la típica solicitud a Dios de “si me concedes esta petición, no vuelvo a tomar/voy a ser mejor padre, entre otras”.

d) Fase de la Tristeza y de la Nostalgia: nos enfrentamos con la crisis existencial donde nos damos cuenta que tenemos que adaptarnos para vivir, y en algunos casos incluso sobrevivir, con la nueva realidad. Es decir, aprender a vivir con las pérdidas que se han generado o que se generarán cuando esta pandemia termine. Añoramos el estilo de vida que teníamos y a nuestros seres queridos en caso de haberlos perdido. La toma de conciencia acerca de que estamos viviendo en una pandemia, junto con la irreversibilidad de la muerte, nos genera una profunda sensación de vacío al ser incapaces de concebir que vayamos a salir de este estado de tristeza y melancolía.

e) Fase de Aceptación: se aceptan las pérdidas y se aprende a vivir la nueva realidad a la que nos enfrentamos después de la pandemia. Se reestructuran los estilos de vida, teniendo en cuenta los cambios que han surgido en los siguientes ámbitos: económico, laboral, familiar y social. Generalmente se toman decisiones vitales para el crecimiento personal. Al finalizar esta fase las cosas vuelven a un equilibrio diferente al que se tenía antes de la pandemia, pero con una mayor conciencia de la futilidad de los bienes terrenales, de reevaluar nuestros propios valores y de vivir el momento presente.

Es necesario vivir las fases del duelo emocional, a pesar de nuestro caótico entorno, para salir adelante. Pero también es importante comprender que hay quienes están pasando por una crisis existencial que va más allá de lo que podemos ver.

Cuestionarnos, lo que estamos viviendo y aprendiendo, ayudará a disminuir el riesgo de perder nuestra estabilidad emocional. Lo que nos permitirá negociar mejor con nuestros mismos pensamientos para así poder lograr obtener paz interior.

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